Marruecos : La maldición de Venezuela

Entre las definiciones de la palabra « maldición » consta también que « puede ser un castigo o un mal producido por una fuerza o entidad sobrenatural ». Es una creencia muy forjada en el espíritu de los musulmanes. Para ellos, el mal hecho a una persona inocente o buena suele retornar, por voluntad divina, contra el que lo comete. Es lo que le está pasando al reino medieval de Marruecos con Venezuela.
A mediados de abril pasado, Venezuela fue víctima de violentos y muy poco diplomáticos del menos diplomático representante de Marruecos ante la ONU, Omar Hilale. Éste denunció una presunta « profunda deterioración » de la situación en Venezuela, la « oligarquía minoritaria en el poder » y citó lo que según sus palabras es una « gran protesta popular » en el país Bolivariano.

Como por acto de la providencia, la casualidad ha hecho que es exactamente lo que está sucediendo en este despótico reino del Norte de Africa.
La minoría que gobierna en el país, conocida en el léxico popular con el nombre de Majzén, está afrontando una de sus mayores crisis políticas de este siglo. La región del Rif, conocida por sus rebeliones contra la monarquía sanguinaria de los Alauíes, es escenario de multitudinarias manifestaciones para protestar contra la « deterioración de la situación y la marginación  de la región ».
El Majzén o régimen de predación que gobierna el país y que está imponiendo medidas drásticas de austeridad para cumplir las directivas del Banco Mundial y acceder a sus ayudas financieras, está recurriendo desde ayer a une sangrienta represión de la población de la región del Rif. Más de 40 detenciones de entre los militantes que lideran el movimiento popular con el objetivo de decapitar la protesta. Desde hace dos días, se multiplican las redadas contra los activistas rifeños.
Los países occidentales, europeos en particular y Francia a su cabeza, siempre prontos a arremeter contra el gobierno democrático de Venezuela, miran al otro lado haciendo como quien no ve lo que está sucediendo al desgraciado pueblo marroquí. Es la política de las dos varas de medir tan querida por los mal llamadas democracias occidentales.

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